martes, 18 de diciembre de 2012

Olvido

El tiempo ha pasado y tú no te encuentras más a mi lado,
supimos superarnos mas no olvidarnos;
hoy tratas de borrar tus memorias sin saber que con eso sólo me aprisionas,
tratas de omitir un pasado siendo éste quien más te ha catequizado.

No trates de volver pues tú ya no quieres emprender,
una vez regresaste y sólo laceraste,
ese es tu don y jamás recibirás perdón.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Sentimientos.



El impulso reprimido de un beso; ese beso que es mejor omitir, reprimir, apagar.
Ese beso que puede ser la sentencia del olvido, ese beso que podría ser también el comienzo de algo divino.
Pero para qué arriesgarse, si así, estando separados somos uno. Si así, en la distancia, podemos serle infiel a ese sentimiento que nos une.
No quiero más de ti que tu compañía, tan lejana y extensa como sea posible; pues será la única que sobreviva al inmenso mundo de traiciones.



No más que años, no más que días.


El viento de agosto te vio partir,
pero fue el de marzo quien cambió tu sentir.
Aquella tormenta perenne de diciembre 
fue quien culminó ese amor tan condescendiente. 
Ni el fulgor de septiembre logró que regresara
más bien le dio una patada,
a ese calor de junio que tanto añoraba
pronto llegó julio para que por fin terminara.
Y cuando con enero el frío llegó 
ni febrero lo conmovió,
paso desapercibido como un frío escalofrío 
que ni octubre remedió y hasta noviembre llegó.
Ahora la lluvia de mayo me recuerda a ti
y a todo lo que sentí,
algo tan grande, como un niño en abril.



Anoche dormí llorando.


Anoche volví a dormir después de llorar; la tristeza, el dolor y el coraje se transformaron en lágrimas y pude saber, al fin, qué camino debo elegir: el más apartado de ti.
Hoy me encuentro aquí, de nuevo, recordando lo que fue: la entrega total, el buscar el bien ajeno, la intensidad de un sentimiento, la pureza de un amor sincero. Todo eso que un buen día se esfumó, todo eso que un día una mala decisión fundió…
Aún no puedo desearte la felicidad que mereces pues los sentimientos continúan frescos, tal como una pintura que no debe ser manipulada para no perder así su estado original. Por el momento, sólo me causa alegría que ya hayas podido encontrar a la persona indicada, a tu persona indicada.
Y a pesar de no ser yo quien te llena de alegrías los días, no me arrepiento de no usurpar su lugar, viceversa, agradezco a la vida que haya regresado a ti … Pues nuestro incierto futuro estaba destinado al fracaso.
No es sencillo aceptar la sentencia, sin embargo, sólo el tiempo podrá sanar las heridas; estas heridas que carcomen el alma y corazón que lo envician, que lo aíslan de toda sanación. En lo más profundo de mi ser sé, que al final de este cruel acertijo, la recompensa será grata, lo sé y mientras espero veré pasar ante mis ojos tu felicidad.

De comunidad y otras cosas.


La causa común ha llevado a grandes movimientos a lo largo de la historia, sin embargo, los mexicanos dela nueva era hemos ido perdiendo poco a poco el ‘toque guerrillero’ que nos caracterizó durante tanto tiempo.
Quizá no seamos aquellos mismos hombres y mujeres que hacían tratados y se levantaban en armas … indudablemente, las personas han cambiado y los tiempos también. Pero sí seguimos siendo parte de México, éste México tan rico, biodiverso, cultural y comunitario; seamos pues ese pueblo unido, no nos separemos ahora que nuestro país nos necesita más. 
Hoy digo ¡basta de colores! Por qué si ya erradicamos las diferencias entre el color blanco y negro, ahora nos dividimos entre amarillo, azul y verde (estricto orden alfabético).
Yo los incito a buscar la verdad y practicar el respeto entre cada una de esas personas con las que convives a diario, sí, los mexicanos.

Madurez

Madurez es la habilidad de controlar la ira y resolver las discrepancias sin violencia o destrucción.

Madurez es cuando aprendemos a no prejuzgar, no juzgar, no criticar, no participar en los rumores falsos que contaminan nuestra alma

Madurez es aprender de las enseñanzas de la vida recibidas que nos lleve a la felicidad.

Madurez es tener una gran intuición y hacer a un lado todo aquello que nos manipule o afecte nuestras vidas.

Madurez es paciencia. Es la voluntad de posponer el placer inmediato en favor de un beneficio a largo plazo.

Madurez es perseverancia, es la habilidad de sacar adelante un proyecto o una situación a pesar de fuerte oposición o retrocesos decepcionantes.

Madurez es humildad. Es ser suficientemente grande para decir “me equivoqué” y, cuando se está en lo correcto, la persona madura no necesita experimentar la satisfacción de decir “te lo dije”.

Madurez es la capacidad de tomar una decisión y sostenerla. Los maduros pasan su vida explorando posibilidades para al fin no hacer nada.

Madurez significa confiabilidad, mantener la propia palabra, superar la crisis.

Los inmaduros son maestros de las excusas, son los confusos y desorganizados. Sus vidas son una confusión de promesas rotas, amigos perdidos, negocios sin terminar y buenas intenciones que nunca se convierten en realidad.

Madurez es el arte de vivir en paz con lo que no se puede cambiar.

Oda al engaño.


Ay de aquel que engañare a su mujer,
pues jamás podrá ser
una persona de buen ver.
Conocerá las trivialidades de la vida,
pero llorará por aquella que lo intimida.
No poseerá refugio,
mas bien repudio.
Y a quien llegase a amar,
siempre lo habrá de abandonar.


jueves, 29 de noviembre de 2012

El último beso


¿Cómo saber que ese sería nuestro último beso? 
Ese beso rápido, apurado, porque desde la otra habitación tu madre nos esperaba y a mí un vuelo aguardaba.
¿Cómo saber que la próxima vez que estuviéramos frente a frente me darías el más frío de los besos; sí, un beso en la mejilla? Y que lo más cercano a aquel último beso serían tus dedos posándose tímidamente sobre mis labios, tú recostado a un lado y yo sin poder lanzarme sobre ti. 
De haberlo sabido, habría invertido más tiempo a ese beso, le habría plasmado más amor, pasión.
Y sin embargo algo me decía que sí, ese sería nuestro último beso.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

El retorno.


La vida, esa que en cosas tan simples y cotidianas puede darnos una gran lección.
Hay dos cosas de las cuales deseo hablar: el anonimato del internet y cómo el llamado karma sí existe.
Corría el año de 2010, el auge del internet me llevó a creer que una relación a distancia podría funcionar y me arriesgué. De pronto, me encontraba esperando ansiosamente para conocer a aquel ser que, con sus letras, me había enamorado.
Lo conocí, me enamoré, me ilusioné, dí todo de mi… todo. 
Un buen día, aquella persona con la que día a día compartía experiencias se alejó sin más; tan fácil, tan sencillo como es huir en este inmenso mundo al punto de ser imposible encontrarlo. Cuando volví a tener noticias de él, había cambiado, era otro y se escondía de mi. 
Aquel idilio que juntos habíamos construido se desmoronó, así como los recuerdos y todo lo que me llevaba a él.
El tiempo pasó y sólo vagos correos actualizando nuestras vidas era el medio de comunicación con él. 
Pero, ¡ah! la vida se encargaría de cobrar todas y cada una de las tribulaciones, hoy él regresó ¿qué busca? no lo sé ¿qué desea? tampoco lo sé; pero es tal su insistencia que el karma me ha dado oportunidad de saldar todas esas cuentas que con tristeza fijó.
Es ahora cuando me he dado el lujo de ignorar, hacer esperar, insultar … vaya, todo lo que él alguna vez me hiciera lamentar. Pero he de ser precavida, pues en un susurro descuidado podría regresar a su lado.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

A tiempo.


Afortunadamente no pasó a mayores ¡oh cuánta desdicha pudo haber sufrido en manos de tan crueles corazones!
Pero una cosa os digo: aquel que mienta y engañe, deberá dejar que su karma le cargue… y aquel que difame, ni el cielo lo aguarde.
Y ese que secunde actos tan crueles, que no duerma en sus laureles…