El viento de agosto te vio partir,
pero fue el de marzo quien cambió tu sentir.
Aquella tormenta perenne de diciembre
fue quien culminó ese amor tan condescendiente.
Ni el fulgor de septiembre logró que regresara
más bien le dio una patada,
a ese calor de junio que tanto añoraba
pronto llegó julio para que por fin terminara.
Y cuando con enero el frío llegó
ni febrero lo conmovió,
paso desapercibido como un frío escalofrío
que ni octubre remedió y hasta noviembre llegó.
Ahora la lluvia de mayo me recuerda a ti
y a todo lo que sentí,
algo tan grande, como un niño en abril.