martes, 8 de enero de 2013

Verdugos.

Cuando pasas por algo difícil es usual escuchar palabras de aliento, a veces con buena intención, otras muchas por compromiso; sin embargo pocas llegan a hacer figura.

Hace meses viví una situación de ese tipo y todo lo que escuché se fue directo a mi muy personal papelera de reciclaje; pero al día de hoy, en esta justa semana, he escuchado dos cosas que verdaderamente cambiaron algo en mi forma de pensar y en mi forma de ver las cosas.

La primera, ayer, fue una frase que me conmovió hasta las lágrimas:
"Es de gente fuerte y chingona no dejar que el pasado te chingue y amargue."
Palabras fuertes  y crudas que retumbaron en lo más profundo del ser, pero que han sido un parte aguas después de un periodo de odio, rencor, resentimiento, tristeza y decepción. Esa estrofa me llevó a recapacitar mi forma de llevar la vida hasta ahora y a retomar el rumbo, de lo que hasta hace algunos meses, había sido mi feliz existencia.

La segunda frase, de hoy, la escuché después de un muy largo rato de reflexión:
"Aquellos que te hacen daño, a veces son verdugos disfrazados de personas que llegan a tu vida para enseñarte algo, para mejorarte como persona."
No soy la primera, ni la última, ni la única persona a la que bien puede quedarle esa frase; todos hemos tenido a esos verdugos en nuestros días, pero yo les aseguro que todos y cada uno nos han llevado a un aprendizaje y a mejorar la forma de relacionarnos con... nuestros siguientes verdugos.